Jorge Bonifacio Chavez
13:44
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conoce el trabajo de los artesanos que dan vida a los mates burilados.
En el pueblo de Cochas Chico, a 25 minutos del centro de la ciudad, estas delicadas y bellas obras de arte son el principal ingreso y orgullo de la zona.
Desde hace cientos de años, las vivencias huancaínas perduran en unas calabazas doradas y redondas. La siembra de maíz, la preparación de la papa a la huancaína, las fiestas, los huaylas y hasta las colosales bodas huancas. Ninguna costumbre queda fuera de los mates burilados.
Al este del ajetreado centro de Huancayo, tras elegantes eucaliptos, se levanta el apacible pueblo de Cochas Chico. Allí los Veliz son una de las familias que con mayor maestría ejercita esta técnica. Su fino trabajo de artesanía, sus temáticas costumbristas y el oficio hereditario que practican desde hace más de un siglo han sabido ganarse el respeto de locales y extranjeros.
Prueba de este legado es que en su vitrina de trabajos destaca un bello mate color miel que sus ancestros hicieron en 1905. Ciento ocho años después, en el 2013, quien (en vano) intenta que nuestras torpes manos limeñas logren burilar un mate, es Amelia: una chiquilla perita en el arte que aprendió de sus abuelos cuando tenía apenas cinco años.
“Aprendí a burilar antes que a leer y escribir”, asegura.

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